miércoles, 12 de septiembre de 2007

Los chicos de Luis

El otro día, un conocido programa de radio matinal reclamaba más atención para la selección española de fútbol, a la cual últimamente se le venía restando protagonismo, en favor de la de baloncesto, el tenis o el automovilismo. No ha podido recordarme más a ese hermano mayor que con cierta pelusa ve cómo sus padres hacen más caso a sus hermanitos menores que a él. Para demostrar que merecen toda nuestra atención, "los chicos de Luis", hicieron pasar un ridículo mayúsculo a toda esa afición que todavía guarda una cierta ilusión por las azañas de la "furia roja".No contentos con eso, el último entrenamiento de la selección, en el nuevo Carlos Tartierre de Oviedo ha sido a puerta cerrada. En un gesto de acercamiento a sus seguidores, mi querido Luis Aragonés se ha vuelto cubrir de gloria. De mierda, quería decir. Y es que para dos días que se iban a pasar en la ciudad asturiana... Que lo mismo aparece por ahí algún informador letón y se chiva de la estrategia. Y cientos de chavales en la calle. Eso es alimentar la ilusión. Se me hace ciertamente increíble (o no tanto) comprobar cómo los miles de lectores del diaro Marca (rotativo más vendido de España: de risa), lejos de criticar al técnico, lejos de ponerle de patitas en la calle previas dos hostias bien dadas, lejos de jubilar a ese esperpento futbolístico y humano, lo ensalzan como el gran Sabio de Hortaleza. En el recuerdo las tremendas críticas a las selecciones de Clemente, Iñaki Sáez o Camacho, que no consiguieron títulos, pese a tener en sus manos una gran generación de futbolistas. La de Luis va a ser la primera en tener el honor (al menos desde que yo tengo uso de razón) de no clasificarnos para la fase final de un campeonato importante.Sólo queda desearles a los jugadores letones toda la suerte del mundo. Espero que bajen de la parra a ese carcamal binguero que tenemos por seleccionador y a todo su séquito de periodistas lameculos.Para que luego digan que Nadal, Alonso o los "Chicos de Oro" les quitan protagonismo. No me jodan, por favor.

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